23/09/09

Salón del Libro Africano/VII Encuentro de editores

Desde el jueves 24 al domingo 27 de septiembre se celebra en Castillo de San Felipe del Puerto de la Cruz, Tenerife, el primer Salón del Libro Africano. Sin duda, será una buena oportunidad para entrar en contacto con una de las zonas literarias de mayor proyección internacional.

Mi intervención llegará el sábado 26 a las 19 horas en la mesa de presentación de las novedades editoriales del CAAM, mi nuevo centro de trabajo. Quedan cordialmente invitados.

Jueves 24 de septiembre

13:00 Cata de libros y vinos canarios. Vinos de la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo. Lectura dedicada a Mercedes Pinto, a cargo de la poeta Déborah Vukušić

17:00 Presentación del Foro de la Bibliodiversidad, a cargo de Uberto Stabile (Editor, escritor y promotor cultural)

18:00 Presentación del libro Sobre jardines sin nombre (FATA) de Francisco Croissier. Editorial Baile del Sol

18:30 Presentación de Insularia. Revista de la Asociación Canaria de Escritores. Interviene: Juan R. Tramunt (Director) y María Jesús Alvarado (Secretaria de redacción)

19:00 Encuentro ¿Qué hay de los 80? Intervienen: Francisco Croissier (Escritor), Alfonso González Jerez (Periodista) y Eduardo García Rojas (Periodista)

20:00 Cata de libros y vinos canarios. Vinos de la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo. Lectura dedicada a Manuel Verdugo, a cargo del escritor Roberto Cabrera. Editorial El Vigía

20:30 Diálogo entre el escritor Donato Ndongo y Alfonso González Jerez

Viernes día 25 de Septiembre

12:30 Presentación de “Es de libro, programa educativo de CEDRO para fomentar la lectura, la creación y el respeto a los derechos de autor” Interviene: Victoriano Colodrón (Director Técnico de CEDRO)

13:00 Cata de libros y vinos canarios. Vinos de la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo. Lectura de fragmentos de las obras Travesía, Olvida quién soy, El corazón de las tinieblas, a cargo de Eduvigis Hernández (CAAM)

17:00 Debate SILA. La oralidad escrita
Intervienen: Tassadit Yacine (Escritora), Inmaculada Díaz Narbona (Doctora en Filología), Landri Wilfrid Miampika (Profesor de Filología), Hamidou Konate (Editorial Jamana), Waldir Araujo (Escritor). Modera: Antonio Lozano (Escritor)

18.30 Cata de libros y vinos canarios. Vinos de la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo. Lectura basada en la obra de Werner Herzog, a cargo de David Moreno. Editorial Trashumantes

19:00 Debate SILA. Las lenguas de África Intervienen: Justo Bolekia (Doctor en Filología), María Dolores López Enamorado (Directora del Instituto Cervantes de Marrakech), Seydou Nourou Ndiaye (Editorial Papyrus), M’bouh Seta Diagana (Doctor en Filología), Germano Almeida (Escritor y Editor), Modera: Juan Manuel Pardellas (Periodista y escritor)

20.30 Conferencia del escritor Henri Lopes. Presentación a cargo de Antonio Lozano. Programa de Casa África Letras Africana.


Sábado día 26 de Septiembre

12.00 Debate: Nuevos canales de difusión para el libro. (Redes sociales, blogs…) Intervienen: Francisco Javier Jiménez (Escritor, blog Paradigma libro), Manuel Gil (Escritor, blog Paradigma libro), Óscar Sipán (Editorial El Tropo. Escritor) Mercedes Rodríguez (Periodista) Modera: Eduardo García Rojas (Periodista, blog El Escobillón)

13:30 Cata de libros y vinos canarios. Vinos de la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo. Lectura dedicada a la obra poética de Misael Pulido, a cargo de Miguel Ángel Calero, Juan José Pérez y el propio autor. Editorial Alternativas

17:30 Debate SILA. Los canales de difusión del libro en África. Intervienen: Jacques Dos Santos (Editorial Chá de Caxinde), Mary Jay (African Books Collective), Celso Muianga (Editora Ndjira), Maria Jesús Alvarado (Editorial Puentepalo). Modera: Alfonso González Jerez (Periodista)

19.00 Presentación de Novedades editoriales del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM). A cargo de Héctor Huerga y Eduvigis Hernández.

19.30 Cata de libros y vinos canarios. Vinos de la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo. Lectura del poemario Sístole y diástole o el latir de la vida a cargo de Motserrat Ríos. Ediciones Idea

20.00 Presenta del libro Historia de la literatura negroafricana. Una visión panorámica desde la francofonía de la escritora Lilyan Kesteloot, a cargo de Antonio Lozano. Editorial ElCobre-Casa África

20.30 Diálogo entre Antonio Llaguno (Escritor) y Manuel Pimentel Siles (Editorial Almuzara) sobre la obra de ambos escritores Tombuctú el reino de los renegados andaluces y El arquitecto de Tombuctú. Modera la mesa Pablo Martín Carbajal (Escritor)

Domingo dia 27 de Septiembre

12:00 Debate Lo que nos rodea. Intervienen: Joaquin Arena (Escritor), Dina Salústio (Escritora), Inma Luna (Escritora), José Antonio López Hidalgo (Escritor), Elica Ramos (Escritora). Modera: Pablo Martín Carbajal.

13.00 Cata de libros y vinos canarios. Vinos de la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo. Lecturas seleccionadas Para la embriaguez de los sentidos a cargo de la poeta Elica Ramos

18.00 Presentación del libro de Baby Halde Una vida menos ordinaria con la presencia de María Victoria Contreras y Talía Casado. Ediciones Escalera.

19.00 Presentación de libros Editorial Benchomo.


Off SILA

Jueves 24

Lecturas compartidas con Déborah Vukušić (Croacia) y Francisco Croissier (Canarias), Roman Simić (Croacia), Zoran Feric (Croacia), Ivica Prtenjaca (Croacia).

+ Compartiendo cuentos y poemas

Viernes 25

Compartiendo cuentos y poemas africanos. Lecturas improvisadas

Sábado 26

Compartiendo cuentos y poemas: Lecturas improvisadas

Sesión de música a cargo de Dj Kali

a partir de las 23.30 p.m. en GUSSBON

Calle Puerto Viejo, 37.

Puerto de la Cruz

13/06/09

Apuntes

Escribir es también diferir. Dejar para más adelante aquello importante que uno quiere por todos los medios subrayar y, al hacerlo, seguir diciendo con claridad o plasmar sobre el papel otra cosa, un pensamiento, una idea o una sensación del todo secundaria.

A. Waberi (justificando su viaje a Berlín)

Gran Canaria: Estoy en una isla tan pequeña que cada vez que llego a un destino siento las pataditas del dinosaurio de Monterroso en mi subconsciente.

El sicólogo de Jaime le recomendó pasear por la calle con una correa de perro, simulando que llevaba a su mascota a un lado. Una terapia innovadora, sin duda. Jaime me ha llamado esta mañana para decirme que después de unas semanas parece que el sicólogo ha mejorado.

15/04/09

La ventana indiscreta

Este grupo de personas no termina de creer lo que están viendo con sus propios ojos. Miren detenidamente al causante de este revuelo. ¿Lo vieron? Exacto. No es uno sólo. Son varios. La desesperación se concentra en cada uno de los rostros. ¿El motivo? Ahí está, abajo, un grupo de jefes de estado acaban de ser descubiertos por la lente de Daniel Gómez. Creían que estaban solos pero no. Daniel abrió la ventana indiscreta para siempre. El pueblo rechina de angustia y los políticos a punto de darse un festín, trajeados, rumiantes, engordados por la riqueza mal repartida. No me vayan a decir que me he equivocado otra vez. Son ellos. El pueblo arriba, perplejo por descubrir las desnudeces de sus gobiernos. Los jefes de estado abajo, atónitos en el momento de pillarles con las manos en la masa. Que no, que no me falla la vista. No me vayan a decir que sólo veo lo que quiero, no es justo. ¿No es justo?

[Hinchas y La ferme son fotografías de Daniel Gómez, Ginebra, Suiza, 2008]

17/03/09

situación[istmo]situación (frag. novela)

Por la mente de Ismail cruzó la posibilidad de decirle a Moshe que había sido afortunado. No le inspiró la suficiente confianza. Apenas llevaba tres semanas de contrato desde que Moshe se fijó en él un día que lo encontró solicitando trabajo a la entrada de la Puerta de Damasco, al norte de la Ciudad Vieja. Cargaba el pick up con la incertidumbre instalada en su mente. Le era harto complicado hallar algún israelí que le ayudara a cobrar el premio millonario. Pertenecía a la segunda generación de una familia enraizada en Palestina desde la llegada de sus padres, originarios de Petra, Jordania. “No le tengo tal confianza a ningún israelí”, murmuró. La ineptitud del momento daba saltos en el interior de su cabeza como queriendo encontrar una salida. Sus manos respondían temblorosas al trabajo de carga. Moshe se percató de que Ismail no era el mismo de otros días. Lo notó perdido, nervioso.
-Ismail, ven un momento.
Caminaron a una distancia donde nadie les pudiera escuchar.
-¿Por qué estás tan serio? ¿Tienes problemas en tu casa?
-Eh…, sí.
-¿Qué problemas tienes? ¿Dinero?
-Sí, dinero. No sé cómo explicarte. Un primo que vive con nosotros se ganó un premio de la lotería israelí y no sabe cómo cobrarlo.
-¿Cuánto ganó?
-Dice que un millón de shekels.
-¿Un millón? No está mal. Hay una posibilidad entre trece millones para ganarse la lotería, debería estar contento. ¿Por qué te preocupas tanto por él? Debe conocer a alguien que por una comisión le cobre su premio, ¿no?
-No creo. Él trabajó la semana pasada en un moshav cerca de Haifa. Fue su primer trabajo en Israel. Estuvo unos días. No conoce bien a nadie.
-Si habla hebreo tal vez puedo comunicarme con él. Si llegamos a un acuerdo podría cobrar parte de ese premio. Mejor eso que nada, ¿no?
-Gracias, Moshe. Sí, habla un poco de hebreo. Le voy a decir llegando a casa.
-¿Tienen teléfono?
-No. Hay una vecina que nos presta el suyo.
-Si está de acuerdo en negociar, mañana me das el número y una hora para llamarle, ¿te parece?
-Muy bien, Moshe. Gracias. Esta noche, llegando, le aviso de tu propuesta.
-Anda, ve a cargar las cajas que faltan. Cuando acaben se suben atrás el tailandés y tú. Vamos a dejar esas cajas en el mercado.
Ismail mintió a medias. Según se sabe es la peor de las mentiras. Le daba vueltas a la cabeza con todas las posibilidades que se abrían en ese momento. Tomaba una caja, la subía a la altura de la cintura y de un golpe la descargaba en la camioneta. Regresaba pensativo a la pila. Tomaba otra mientras cavilaba qué hacer. Ahora tendría que negociar con varios frentes para intentar cobrar. En el momento que Moshe se diera cuenta de que no era un premio de un millón sino de doce millones y medio podría pasar cualquier cosa. Lo peor sería recibir una denuncia de su jefe ante la policía. Sin mayor dificultad podría alegar que su empleado le robó el comprobante del premio. Se cree evidente que nadie jugaría a una lotería que jamás pudiese cobrar. Para subsanar ese detalle deliberó que lo mejor sería no sacar de Palestina a su imaginario primo millonario, a ser posible, conseguir una voz convincente del otro lado del teléfono. Ismail tendría que dar con un personaje astuto, conocedor de la legalidad y de extrema confianza. En la baraja de candidatos pocos podían cubrir tal exigencia. Su familia derrocharía un entusiasmo exacerbado, al filo del suicidio delator. Sus amigos representarían un eslabón de confianza distante, al extremo de contar con posibilidades de fraude. Pocos flecos faltarían para confirmar lo que su mente decidiría pasados unos minutos: él mismo tendría que pasar como el primo millonario. Partiría con varias ventajas, y es que su jefe jamás ha escuchado su capacidad ventrílocua. Confiaba gradualmente en mantener el anonimato a través del teléfono. Otro asunto sería hacer partícipe a Moshe de un gran secreto: los doce millones y medio. En el papel de primo argumentaría que no quiso hacer público el total del premio para no ganarse el recelo de su familia. Trataría de compinchar el espíritu insaciable de su patrón sin que sospechara del engaño a medias.

[situación[istmo]situación, título creado por el artista visual Bruno Varela, julio de 2009]



24/01/09

Radio Puente, cap. X (fragmento)

Océano Atlántico. Octubre de 2001

—Oye, amigo. ¿Cómo es que conseguiste llegar de Senegal hasta este cayuco?
—Uff, amigo. Es una historia un poco larga.
—No será más larga que la incertidumbre en la que estamos.
—No, claro que no. Subí a un carguero de juguetes que supuestamente me iba a llevar hasta Canarias. Cuando llegamos a El Aaiún me dejaron tirado. No tenía dinero, todas mis cosas se quedaron en el barco excepto este cuadernillo.
—¡Agua!, ¿no tiene un poco de agua? -pidió una voz femenina que sostenía el llanto de un bebé.
—Tome -respondió Diogomaye.
—Y ¿qué pasó después?
—Unos tripulantes de un carguero español me entregaron a la policía del puerto después de haberme desmayado. Me tuvieron dos días masacrándome la espalda con una vara de metal. Al tercer día me dijeron que, o me iba, o me quedaba para siempre enterrado en un área baldía. No tenía dinero, entonces abordé un camión que iba a El Aaiún. Allí cobré el reembolso de unas latas de lubricante que había comprado el maldito del capitán. Le pregunté a un camarero de una terraza por el lugar más cercano para tomar un cayuco a Canarias. Me dijo que casi en toda la costa era posible embarcar, pero precisó que cuanto más cerca estuviera de Tarfalla mejor, la ruta era más corta. Compré un poco de agua y me paré al borde de la carretera hasta conseguir quien me llevara hacia el norte. El chofer del camión que me llevó me propuso que bajara en la playa Bouslam Idris. Según él, a diario salían varios cayucos. Llegué allí y el resto ya lo sabes.
—Sí, amigo. Hay que tener agallas para lanzarse a nadar al Atlántico. Al principio, cuando te vimos nadando pensamos que ibas a regresar a la costa. Fue el patrón del cayuco el que nos preguntó si estábamos de acuerdo en llevarte. La mayoría dijo que para qué, si ya te iban a comer los tiburones. Los saharaui que están allí, en la punta del cayuco, fueron los que más batallaron con el resto para que te dejaran subir. No sé si te habrás dado cuenta pero ya estabas bien adentro. No creo que pudieras regresar a la costa. Este cayuco fue tu salvación.
—Señor, ¿me puede regalar un poco de pan para mi bebé? Hoy no ha comido nada -vuelve a interrumpir la voz femenina.
—Déjeme ver si me quedan unas migas en el bolsillo -contesta Diogomaye-. Abra la mano. Tome, este polvo es lo que me queda.
—Gracias, señor.
—Le iba a decir que entre quedarme en tierra, sin nada, y morir, creo que no había mucha diferencia. Así lo sentí y por eso me lancé al Atlántico. A nadar. Llevaba cuatro días casi sin comer, sólo agua y alguna fruta. Ningún coyote me quería llevar sin dinero y eso que salen varios cayucos a diario. El primer día esperé en una fila enorme. Llegué como a las seis desde la mañana, me situé detrás del último. Conversé con el último, el penúltimo y la familia del antepenúltimo. Quedamos de vernos por allá si todo salía con suerte. A media tarde se cerraron las plazas para viajar ese día. Así viene ocurriendo las últimas semanas, según me dijeron. Entonces me lancé a nadar harto de sufrir, de recordar a mi familia, de pensar en la maldad de algunas personas, de querer llegar a la isla…. Por causas inexplicables sentí que podía cruzar, ya sé, son 100 kilómetros en el Atlántico. Noche y día, noche tras día. Ahora que estoy sobre este cayuco percibo el tamaño del error en el que me había metido.
—Así es, amigo. Oiga, y ¿no tiene un cigarro?
—Lo siento. En estas circunstancias no fumo.
—Yo tampoco pero, en momentos así…, sí fumo. Mira ése que está a tu lado. No se mueve desde esta mañana. Yo creo que ya la palmó. Tócalo.
—No se mueve. Lo estoy tocando y…, está muerto.
—Revísale los bolsillos.
—No, eso no. No puedo.
—¿Cómo que no puedes? ¿Quién lo va a hacer?
—Hazlo tú.
—Pero no ves que no nos podemos mover más que para mear y cagar. Arriba y un paso para atrás para ir a orinar. Un paso adelante y vuelva a sentarse para regresar. Ya son diez días y diez noches. Con la de ahora hacemos once noches.
—Llevamos diez días que no tocamos costa. Anoche creí ver unas luces en el horizonte, parecían redes de mar tendidas sobre montañas. Durante el día de hoy no hemos visto nada. Tal vez nos estamos alejando…, no sé. Aún queda viaje hasta ¿Fuerteventura?
—Ajá. Pero no me cambies de tema. Sácale a ése lo que tenga en los bolsillos. Ya verás que se te va a adelantar el que está del otro lado.
—No me obligues a hacer eso. Tal vez más adelante, si aguanto más el dolor. Esa mezcla que hicimos de agua dulce con salada me está rompiendo el estómago.
El acompañante de Diogomaye no le había quitado la vista de encima a los bolsillos del marroquí fenecido que estaba junto al senegalés. En aquellas circunstancias, el acompañante prefirió cambiar de tema. La proximidad incitaba a la tolerancia.
—El patrón del cayuco dijo que esta noche paraba motores porque vamos a pasar por la zona de vigilancia. Si pasamos, después tenemos que salvar los radares de la costa. El patrón calcula que con lo calmadita que está la mar podemos estar llegando de madrugada.
—¿Esta madrugada?
—Sí, dijo que en ocho horas más.
—Oye, amigo, ¿Tienes idea del día que estamos?
—Mas o menos llevo la cuenta. Si mis cálculos no fallan mañana amanece el 1 de octubre.

Era costumbre que el gran patrón se quedara en tierra. Sólo se encargaba de cobrar y seguir comprando material desechable. En ocasiones, los patrones de los cayucos y sus ayudantes pagaban con el viaje su travesía. El cayuco es un producto retornable. El patrón había anunciado que viajaban ciento cuarenta y siete personas, sin incluirse él, un joven ayudante y Diogomaye. Los aspirantes a alcanzar el sueño europeo estaban distribuidos en cuatro filas: Dos filas dobles en el centro de la embarcación con la mirada dirigida hacia la proa y otras dos filas dobles en las bordas del cayuco con la mirada permanentemente clavada en los viajeros del centro de la embarcación. Ninguna maniobra era posible salvo alongarse a la borda del cayuco para orinar, defecar o vomitar que, dicho sea de paso, eran las tres actividades más comunes entre los pasajeros.
La embarcación medía 25 metros de eslora y llevaba dos motores de 40/60 CV cada uno conectados a un bidón de gasolina que abarcaba 450 litros. Con cierta frecuencia el ayudante del patrón echaba un vistazo a un equipo portátil de GPS el cual les iba guiando en la ruta.

El cayuco estaba generando una recaudación total de aproximadamente 70 mil euros, que se podía desglosar en 18 mil euros para gastos de organización o mordida del patrón, entre 9 y 11 mil euros para garantizar la salida de la embarcación o mordida policial y 42 mil euros de ingresos generado por la venta de las plazas.

Después de esperar entre 7 y 12 horas a que se fueran cubriendo las plazas, cada aspirante a cruzar el océano apoquinó el equivalente a 600 euros si eran subsaharianos, o 300 euros si eran marroquíes. Estas cantidades se establecieron de esa forma porque ninguno de los pasajeros decidió contratar apoyo logístico alguno. De haber contratado el plus, el presupuesto por persona se incrementaría a los 800 o mil euros por subsahariano, y alrededor de 500 euros por marroquí. La diferencia de precio concedía el apoyo logístico completo y vestuario adecuado para la travesía. ¿Qué quería decir esto? Si se contrataba el plus, a cada pasajero se le daría chaleco salvavidas, abrigo y víveres suficientes para llegar con cierta salud al destino. Además, se podría continuar el viaje una vez llegados a tierra a través de las redes que operaban del otro lado. Un contrato incierto porque lo que no se podía garantizar era ser descubiertos o ser lanzados al mar una vez fenecidos.

La penumbra de la noche había pedido paso. El patrón ordenó que ningún pasajero encendiera luz alguna, “En breve cruzamos la zona de vigilancia”, advirtió.

El acompañante de Diogomaye se atusaba el bigote al tiempo que cavilaba la manera de extraer los bienes restantes de los viajeros que hacía horas dejaron de respirar. Tenía contabilizado a una pareja de mauritanos enfrente y al marroquí junto a Diogomaye. En la proa del cayuco el patrón había vaciado los bolsillos de dos mujeres saharaui. Las mismas que habían apoyado la subida de Diogomaye al cayuco. Estaban frías, a punto de ser arrojadas al mar. El olor a putrefacto era fuerte y confuso, a ratos olía al excremento que yacía en el fondo de la embarcación como a ratos olía a descomposición. Era particularmente desagradable el olor que desprendían los bebés fallecidos. Aún así, permanecían en los brazos de sus madres con la esperanza de poder enterrarlos en el destino. La consigna era esperar a que oscureciera completamente para ir tirando los cadáveres adultos al Atlántico. Se tenían que arrojar todos amarrados y a la vez para que no se esparcieran pistas de la ruta.

La noche anterior, un argelino se tiró por la borda y comenzó a nadar para no morir de hipotermia según confesó antes de lanzarse, al cabo de unos minutos murió ahogado.

Los motores del cayuco dejaron de hacer ruido. La calma del océano penetró en los oídos de Diogomaye. Intentaba mantener la boca cerrada para no provocar una mayor desecación de la garganta. Se había apoyado a su derecha. Metió su brazo entre la espalda del marroquí fallecido que estaba junto a él y la borda del cayuco. Buscaba protegerse de la brisa marina que comenzaba a arreciar. El cuadernillo de notas que tenía abierto para que se secara quedó entre sus piernas, las últimas anotaciones del viaje casi se habían borrado por completo al escribirlas a lápiz. La incertidumbre del momento había provocado que varios pasajeros mezclaran el agua dulce con la salada en aras de sacarle un mayor rendimiento al líquido vital. Aún así, las reservas estaban a punto de agotarse. La noticia de que tocarían costa en la madrugada no sólo era esperanzadora sino que necesaria. Una jornada más de sol sobre sus cabezas podía dejar en cuadro a la embarcación. Claro que al gran patrón no le interesaba demasiado si llegaban o no con
vida, él ya había hecho su negocio y como adelantó en la playa: “Yo no les digo que se vayan, sólo les ayudo a hacerlo. Antes era pescador, ahora trabajo con personas. Vuelvo y repito que yo les hablo claro, les digo que hay muchas pateras y cayucos que se han ido y que no se ha sabido más de ella". Diogomaye segregaba una espesa espuma blanca que le inundaba la boca. No podía estirar la mano para recoger una palmada de agua salada por habérsele dormido tras la espalda del marroquí. Apoyó sus dientes sobre la nuca del fallecido y clavó los incisivos en la fría piel de su acompañante. En un gesto de desesperación succionó la sangre que brotaba por el corte de sus dientes. La absorción de líquido le produjo un ligero refrescamiento. El canal hidratante que se había delineado de su boca a su estómago aumentó unos milímetros con la filtración de la sangre. Volvió a abrir sus ojos para comprobar que todos los pasajeros estaban replegados sobre sus rodillas. Vio que cayó un cañón de luz de dificultosa procedencia sobre la proa de la embarcación. Giró la cabeza hacia atrás y atisbó el origen de la luz. Una patrulla de salvamento marítimo se aproximaba al cayuco. Era el final de un sueño hecho realidad, el principio de una ilusión extraviada.
Sobre la corbeta anaranjada chispeaban dos luces, una roja y otra azul. El patrón del cayuco y su ayudante encendieron los dos motores. Se dirigieron al resto de los pasajeros para que tiraran a los fallecidos al mar. El caos se apoderó del cayuco. Unos robaban pertenencias a los otros. Los que menos lanzaban al Atlántico a los muertos ya requisados. La embarcación comenzó a balancearse peligrosamente para los que estaban de pie. Cayeron los más débiles empujados por los más fuertes. Diogomaye no sabía cómo reaccionar. Sus piernas no le respondían. Dos marroquíes intentaron robarle el dinero que no tenía. Lo apoyaron sobre la borda del cayuco. Le extrajeron el calzado deportivo que le había regalado su hermana Diorée y, a punto de ser empujado al mar, notó la presencia del amigo con quien antes había hablado. A golpe de empellones apartó a los marroquíes. El cayuco navegaba veloz hacia la oscuridad. La embarcación fronteriza les seguía a una distancia prudente, paraba sin perder de vista al cayuco para ir recogiendo a los pasajeros vivos que estaban siendo arrojados. Un plan que parecía funcionarle al patrón unos kilómetros hasta que apreció frente a él, y a cierta distancia, una línea de luces rojas y azules intermitentes que se aproximaban velozmente. Por la proa se acercaba la línea de luces y por la popa la patrulla de salvamento marítimo. El círculo se cerraba. La aventura tocó a su fin cuando las patrullas marítimas rodearon al cayuco.

[Radio Puente es una novela inédita, diciembre 2008]


12/12/08

A punto de salir la novela...

Esta barrena en la que parece haber entrado el blog se debe al tiempo que le estoy dedicando estas últimas semanas a la finalización de mi primera novela ambientada entre Canarias y Senegal. Una trama a dos tiempos y dos personajes. Uno de ellos es un enterrador de la isla de Fuerteventura que pasa de enterrar una o dos personas por mes a recibir decenas de cuerpos escupidos por el mar. El otro personaje es un ceddo senegalés que sale de su oasis donde ayudaba a su familia a curtir pieles para intentar darle otro giro a su vida y la de su familia. Una trama narrada en planos atemporales que llevan el ritmo, la dirección y la tensión de un principio a un fin. O por lo menos eso se intenta. Le faltarán unas semanas más para que se cueza completamente. Será entonces el momento de servir el guisado.

10/11/08

28 Feria del Libro de Oaxaca

El próximo sábado se presentará en el jardín del Pañuelito, en Oaxaca, la mesa denominada Nuevos narradores españoles en la que participaremos los gallegos Ramón Caride, Francisco Fernández y un servidor canario como moderador gracias a la propuesta de da Jandra de sustituirle en la función moderadora para ese día y hora.
En principio el debate se compondrá de una breve cronología literaria española, las últimas poblaciones literarias indígenas en Europa como son la periferia gallega, catalana, canaria, asturiana o vasca; conoceríamos el ars poetica de los autores presentes y terminaríamos analizando la representatividad del creador periférico en España frente a los enormes emporios de comunicación que centralizan el criterio literario de masas.
Sábado 15 noviembre, 19:15 horas Jardín el Pañuelito, Oaxaca.

29/10/08

Festival de la palabra en el Centro Histórico de D.F.

Si tienen un hueco en su agenda asistan a las mesas donde se debatirá sobre creación y crítica literaria. En el Palacio de la Autonomía UNAM, calle Lic. Primo Verdad núm. 2, entre Moneda y Templo Mayor, Col. Centro, Deleg. Cuauhtémoc, C.P. 06010, D. F.
Mi participación será el sábado 1 de noviembre junto a Guadalupe Nettel, Mayra Luna, Antonio Ortuño y el cubano Amir Valle en la mesa sobre narrativa y crítica literaria. A continuación les paso el programa completo.

FESTIVAL DE LA PALABRA, CIUDAD DE MÉXICO, CENTRO HISTÓRICO

TEMA: CREACIÓN Y CRÍTICA

PALACIO DE LA AUTONOMÍA

Jueves 30 de Octubre

10:00 hrs. Conferencia Magistral
Maestro Roberto Fernández Retamar (Cuba)
Presenta: Ambrosio Fornet (Cuba)

11:30 hrs. Novela
Coord. Ricardo Cayuela
Participan: Christopher Domínguez, Rafael Pérez Gay,
Mauricio Montiel, David Toscana y Álvaro Enrigue

13:00 hrs. Cuento
Coord. Javier García Galiano
Participan: Alberto Chimal, J. M. Servín, Francisco Hinojosa
y Juan José Rodríguez

Viernes 31 de Octubre

10:00 hrs. Periodismo cultural
Coord. Alejandro González
Participan: Ariel González, Ambrosio Fornet (Cuba), Carlos Martínez
Rentería, José Usquiza (España) y Lorenzo León

11:30 hrs. Novela
Coord. Tryno Maldonado
Participan: Alejandro Zambra (Chile), Nicolás Cabral,
Ximena Sánchez Echenique y Diego Trelles (Perú)

13:00 hrs. Los editores frente a la creación y la crítica
Coord. Fernando Fernández
Participan: Andrés Ramírez (Random House Mondadori), Carmina Cufrancos (Planeta), Guillermo Quijas (Almadía), Jesús Salazar (Los libros de Homero) y Francisco de la Mora (Sexto Piso)

Sábado 1 de Noviembre

10:00 hrs. Traducción y crítica
Coord. Alfredo Coello
Participan: David Lida (USA), Kurt Hackbarth (USA),
y Dubravka Susnjevic (Serbia-Croacia)

11:30 hrs. Ensayo
Coord. Heriberto Yépez
Participan: Francisco Rebolledo, Leonardo da Jandra,
Luis Alberto Ayala Blanco y Joao Cézar de Castro (Brasil)

13:00 hrs. Narrativa y crítica
Coord. Pablo Raphael
Participan: Guadalupe Nettel, Amir Valle (Cuba),
Mayra Luna, Héctor Huerga (España) y Antonio Ortuño

Domingo 2 de Noviembre

10:30 hrs. Poesía
Coord. Araceli Mancilla
Participan: Jorge Esquinca, Julián Herbert,
Orlando González Esteva (Cuba) y Ernesto Lumbreras

11:30 hrs. Lectura de poemas
Usha Akella (India), Natalia Toledo y Rocío González

13:00 hrs. Cine
Coord. Gustavo Montiel
Participan: Miguel Calderón, Kyzza Terrazas, Carlos Azar,
Enrique Rentería y John Dickie (Escocia)

16/10/08

Entrevista a Fernando Iwasaki



No tardó mucho en afirmarlo: “A mí me interesa mezclar los géneros, borrar las fronteras formales entre novela y cuento o entre cuento y ensayo, el ensayo y la crónica, la crónica y la novela porque lo que me interesa es escribir libros y a la hora de pensar en un libro en lo último que quisiera pensar es si va a ser un libro de cuentos o si va a ser una novela o un libro de ensayos”.
Mientras avanzábamos junto al rio Rhône, el cual divide en dos a la ciudad de Ginebra, confesó su deseo de poder leer algún día el proustiano A la recerche du temps perdu en versión original. En la misma dinámica de deseos realizables comentó que: “…lo que me interesa es escribir libros, y a la hora de pensar en un libro en lo último que quisiera pensar es si va a ser un libro de cuentos o si va a ser una novela o un libro de ensayos. Cuando me citas a Cheever, Carver y estos otros autores te diría y Cabrera Infante, porque alrededor de su nostalgia de La Habana no solamente tiene la novela Tres tristes tigres sino que tiene Habana para un infante difunto, no son memorias, no son ensayos, no es una novela, no es un cuento pero es todo eso y esa hibridez me interesa”.
Fernando Iwasaki llegó a España en 1989. En referencia a su desembarco en Sevilla añade “Yo creo que cuando la gente se va de su país… no se va para ser escritor. O no para empezar a decir voy a llevar una vida literaria. Creo que la gente cuando se va más es por decisiones familiares o personales que literarias. Cuando me fui de Perú no me fui pensando que me iba a dedicar a la literatura, de hecho fui persuadido de que iba a seguir siendo un investigador de historia colonial y fueron las circunstancias mientras vivía en Sevilla las que me terminaron de optar por abandonar la historia como carrera profesional y más bien dedicarme a la gestión cultural que me permitía un poco más de desahogo literario. Yo diría que el estar en una sociedad con más estabilidad como las sociedades europeas permite que talentos o inquietudes que tú tengas dejen de ser vocaciones marginales para pasar a convertirse en verdaderas realidades profesionales. A mí, jamás en la vida en el Perú se me hubiera pasado por la cabeza que le iba a dedicar tanto tiempo a la literatura como el que le dedico, y conste que yo creo que le dedico muy poco tiempo porque tengo que pagar mi hipoteca, tengo que mantener mis deudas en paz, la familia y yo. Le dedico a la literatura y a la escritura un tiempo marginal. Estas sociedades son tan estables y te ofrecen tantas seguridades que en ese margen que te queda puedes verdaderamente hacer una actividad literaria. Yo me fui porque era lo mejor para mi familia, para mis circunstancias y yo creo que siempre hubiera tenido una familia como la que tengo, o sea, no me imagino, como muchos otros amigos escritores, que en una decisión muy legítima, ellos más bien prefieren no tener familia o si acaso su pareja, pero ya no se meten en si tener hijos o etc. Porque entonces se te desequilibra el presupuesto del escritor que siempre es precario (…) Yo fui a Sevilla para investigar en el Archivo de Indias. Entonces me dedicaba a la investigación histórica y por lo tanto mi deseo era consultar los fondos del Archivo de Indias. Sevilla es una ciudad que de pronto me reveló muchas cosas, me dio muchísimas más y nunca he querido ir a vivir ni a Madrid ni a Barcelona, que son ciudades a lo mejor más literarias y donde hay más editoriales. Al mismo tiempo tuve la posibilidad de irme a vivir a otras ciudades, incluso de Europa, yo preferí quedarme en Sevilla y creo que fue una decisión acertada”.
Su carrera ha ido incrementando en títulos aunque él añada: “Lo que sí es complicado es mantener la continuidad en las publicaciones porque al final eso supone que estás escribiendo y cuando tú tienes familia a plazo fijo e hipoteca numerosa eso es más complicado. A mí me ha ocurrido que en los últimos años no ha dejado nunca de salir un libro, cada año, pero son cosas que yo tengo escritas de hace tiempo, por ejemplo, acaba de salir la reedición de Inquisiciones peruanas que sólo tuve que añadir unos relatos más y tengo inéditos dos libros de ensayos, por lo tanto, si sale algo el 2008 o el 2009 serán cosas que tengo más o menos escritas pero las novelas a mí me suponen un esfuerzo muy largo, también los libros de cuento, Ajuar funerario lo escribí a lo largo de ocho años, si no recuerdo mal el Libro del mal amor duró como unos cuatro o cinco, me ocurrió tres cuartos de lo mismo con Neguijón, al margen de que Neguijón se quedó durante tres años sin que yo agregara nada porque no tenía tiempo de escribir. Los primeros tres o cuatro capítulos los retomé mucho tiempo más adelante. Suscribiría el que algún día alguien sea capaz de establecer esos puentes entre distintos libros, no es una cosa que yo tenga muy marcada pero, por ejemplo, en la novela que estoy escribiendo o mejor dicho en la novela que comencé en septiembre de 2006 y la abandoné en octubre de 2006 hay personajes que aparecieron en Libro de mal amor. Lo voy a rescatar, lo voy a soltar otra vez en otra novela porque me interesa que exista esa relación. Tengo cuentos en donde hay personajes que escriben artículos de investigación histórica que luego resulta que son artículos que he escrito yo pero que están publicados en revistas académicas. Me gustan ese tipo de juegos”.
Casi un año después de esta entrevista Iwasaki obtuvo a través de su libro Cuando dejamos de ser realistas el Premio Algaba de ensayo en su sexta edición. Según Ramón Pernas, uno de los jueces, en esta obra de Iwasaki: “Uno de sus grandes aciertos es el lenguaje. Es la obra de un novelista que no pierde nunca de vista el relato histórico. Está escrito con un gran sentido del humor y con ironía, algo poco habitual”. Me viene a la cabeza una frase que oí decir a Guillermo Fadanelli aludiendo al ensayo como un trabajo que, por contundencia, no debía permitir hacer pensar al lector. Iwasaki levanta la montura de sus gafas hasta ubicar el ojo en el centro de la lente, toma unos segundos y responde: “Creo que en un ensayo lo que tú debes propiciar es la reflexión compulsiva del lector… Es bueno que un ensayo sea como cuando tú navegas por Internet, es decir, que estás visitando distintas páginas y de pronto pinchas un enlace, se te abre otra página y lees otra cosa. Pinchas en otro enlace, se te abre otro. A mí me alegra que ahora mismo en literatura y en el cine incluso, se estén rescatando esas maneras de ver la realidad. La película Babel es eso. Hay una última película que acaba de estrenar Robert Redford donde también es otra cosa parecida, es decir, lo que hacía Faulkner, lo que hacía Onetti, lo que hacía Vargas Llosa, lo que hace Rodrigo Fresán en La velocidad de las cosas, en Kensington Garden, entonces a mí me parece que en un ensayo también tienes que propiciar un pensamiento compulsivo para no dejar pensar”.
Hubo un lapsus interruptus en la entrevista. El discman donde grabábamos consumió la memoria disponible. Por momentos pensábamos continuar la entrevista otro día, en otro momento. No llegábamos entre las tres personas que allí estábamos a encontrar una solución que hiciera trabajar a la tecnología. “Cuánto más joven sea la persona que encuentres mejor va a responder a los problemas tecnológicos” con ello, Iwasaki afirmaba que sus descendientes dominaban la tecnología con un desparpajo inalcanzable para él. Puso como ejemplo la destreza informática de sus hijas frente a la nulidad personal para comprender las nuevas tecnologías. Apareció Rubén con un nuevo disco. Lo introdujimos con sumo cuidado. Se encendió la pantalla líquida del aparato. ¿Continuamos?
El escritor mexicano Élmer Mendoza mencionó durante un taller de novela que la cualidad de un escritor se podría medir por la capacidad que tuviera éste para mentir. Iwasaki frota sus dedos al tiempo que añade: “Nunca un escritor en la literatura debe decir la verdad, lo que tiene que decir es algo que parezca verdadero, que parezca verosímil. Si escribes una novela histórica la verdad es un adorno, es un complemento de tu novela pero no tiene porque ser así. Juan Gabriel Vázquez, en esta extraordinaria novela Historia secreta de Costaguana, nos habla de la construcción del canal de Panamá, de la relación de determinados personajes de la historia colombiana con Conrad, y lo de menos es que eso haya sido así, lo interesante es como utiliza una serie de fragmentos de la vida de Conrad para presentarte un hecho que es tan verosímil, es tan persuasivo que ya eso lo convierte en literario”.
Iwasaki publica en ABC, un reconocido diario de España donde semanalmente contribuye al periodismo que actualmente se hace en Europa. El periodista Julio Scherer y el escritor Carlos Monsiváis ponían en entredicho la imparcialidad de los medios de comunicación. Dilataban el inicio de la imparcialidad en la ostentación por parte de los tres ejes que conforman la prensa de hoy día (autor, lector, ente patrocinador) en el mismo porcentaje de participación. Es decir, mientras la prensa actual siga respondiendo a intereses particulares inalcanzables a los lectores, e incluso, a profesionales de la información, la prensa seguirá respondiendo a intereses comerciales. Iwasaki mece sus cabellos con ambas manos , regresa los codos a la mesa, estira los dedos, gira la nuca hacia donde estoy y responde: “Yo creo que es verdad. Añadiría algo más que ocurre en Europa, porque en Europa además tenemos la concentración de medios y la concentración, digamos, de distintas empresas que forman parte de la industria cultural en holdings que son… llamémosle así, verdaderos consorcios en donde absolutamente todo está en manos de grupos que pueden marcar tendencias. No vamos a hablar de literatura para que no parezca que estamos quejándonos de algo literario pero… Si tú tienes una empresa que tiene un buen periódico, que tiene a su vez revistas de ocio dedicadas a la música, que tiene radios donde se programa fundamentalmente radio fórmula musical, que tiene productoras, que tiene discográfica… Entonces tú puedes perfectamente producir un súper ventas. Y en el mundo editorial exactamente igual. A eso añádele que la mayoría de los medios de comunicación están políticamente posicionados. Eso lo veo en España donde según que periódico compres o que radio escuches estás en un país o estás en otro y a mí eso me alarma porque además la gente no hace el ejercicio de decir voy a comprar dos periódicos que… por lo menos dos que me muestren las dos caras, sino que hay gente que fundamentalmente quiere su periódico para ni siquiera poner en entredicho que sea verdadero o falso lo que está leyendo o escuchando. Yo, al menos, como creo que tengo un poco la condición de marciano, no soy cien por cien español como es lógico, ni me siento cien por cien extranjero, yo, entre seis y media de la mañana y nueve de la mañana escucho tres emisoras diferentes para tratar de hacerme una idea de por donde van los tiros de la realidad y trato de leer dos periódicos mínimo al día y aún así se me escapan matices porque estoy en Sevilla y desde allí hay cosas que simplemente no sabes. Frente a eso, está el tema de los blogs y los periódicos independientes digitales donde muchas veces hay información que complementa y enriquece lo que falta en los otros. Al final, en la industria cultural lo importante es el producto. Todas esas empresas que compiten entre ellas se alimentan mutuamente para que el producto del grupo sea lo más importante. Volviendo a lo que decían Scherer y Monsiváis yo diría que lo menos importante es el autor”.
El reloj por decámetro cuadrado que promedia la ciudad de Ginebra nos pone en alerta. Faltan menos de diez minutos para que comience la presentación del escritor en la Librería Albatros. El trayecto consumirá cinco de esos minutos. Antes de regresar Iwasaki a España tras su paso por Suiza le inquiero sobre las últimas elecciones en el país alpino donde la formación política UDC de marcado carácter nacionalista ha ganado las elecciones generales. Uno de los motores que ha generado esta fuerza política ha sido el condicionar la residencia de los inmigrantes en el país a su conducta. ¿Se podría entender esta iniciativa como la punta de un iceberg ideológico que pudiera abarcar mayor extensión en Europa?: “Ya la está alcanzando, es decir, creo que haces bien en definir a este partido sobre todo como nacionalista. Creo que los grandes peligros que amenazan la convivencia europea y en general la convivencia democrática son los nacionalismos. Los nacionalismos se pueden reclamar progresistas o conservadores pero en el fondo lo terrible es que están guiados por un pensamiento que siempre va a ser excluyente, que siempre vas a negar marginación y sectarismo, no puede haber un nacionalismo progresista por ejemplo. Me parece un absurdo. Esto que está ocurriendo en Suiza ocurre en algunos lugares de España, todo esto lo veo con alarma, dicho lo cual, creo que me faltan datos porque yo creo que para mí significa fundamentalmente que todos los individuos debemos ser iguales ante la ley y que la ley nunca debe ser el reflejo del poder sino su límite, pues necesariamente nos tiene que crear un marco en el que la convivencia es armoniosa y posible, que cualquiera que amenace por su conducta delictiva porque proviene de culturas en las que a lo mejor lo maltratos a las mujeres o a los niños son ‘tolerados’ no pueden estar dentro de una sociedad democrática. A mí, como peruano que vive en España, muchas veces me han dicho ‘Oye, los peruanos están robando en las autovías en Barcelona’ o ‘Los peruanos son los que más roban en el metro de Madrid’ y yo creo que son esos peruanos no tengo nada en común, siento que tengo más en común con la gente que cumple la ley, con la gente que no son amenaza para los otros, me da un poco de vergüenza ajena que ocurra eso ¿no? y yo sé que hay muchísimos latinoamericanos que han sido grandes profesionales, personas muy correctas y que han construido también la modernidad de otros países y españoles en Alemania y en Suiza y en Italia y etc. Creo que lo importante es que esos marcos legales sean unos marcos muy razonables, que sean espacios donde verdaderamente se garantice una convivencia y como me falta información yo no sé si hay conductas especialmente antisociales en las que haya un consenso que tenemos que tratar de conjurar. Pero discriminar a otro sólo porque es diferente, eso es una aberración”.
La puntualidad se esfuma. Es imperdonable retrasarse más de lo necesario en el país que más invierte en la fabricación de la precisa máquina del tiempo. Antes de levantarnos y recoger el material le pregunto a quién le haría él una entrevista. “A mi abuelo. A mi abuelo que conocí. A cualquiera de mis abuelos. Al abuelo japonés no lo conocí. A mi abuelo materno sí lo conocí pero yo era incapaz de imaginar todo lo que hubiera, todas las cosas que se me pasan por la cabeza que me gustaría preguntar. Y podría meter hasta a mi padre, podría entrevistar a mi padre, parece absurdo pero es verdad, mi padre es un hombre que no quiere hablar de otra cosa que no sea de fútbol”.

[Entrevista realizada entre la cafetería del Hotel St Gervais y la Librería Albatros, en noviembre de 2007, Ginebra, Suiza]

Tránsito

Pacientes, pacientes, pacientes... Pacientes de paciencia como pacientes de padecimiento les pido disculpillas. Acabo de saltar al otro lado del charco. Nuevamente a México. No es que haya embarcado en velero desde Canarias y desde el mes de junio me encontrara simulando al Capitán Ahab. Surcando mares. Pero me encantó volcarme estos dos meses al tránsito de piel que produce cada cambio de esta naturaleza. Paciente y bien paciente que he sido yo también.

04/06/08

Salen los primeros




En el pasado Salón del Libro de Ginebra se presentaron mis dos primeros trabajos editoriales en Suiza: Le chant du rossignol de Nilo Tomaylla y Visites de l'autre côté de Américo Ferrari, ambos autores latinoamericanos de trayectoria reconocida en sus países de origen pero que residen desde hace unos años en Suiza.
Les dejo como pequeña muestra las portadas de los mismos no sin antes agradecer a la Editorial Albatros de Ginebra a Ediciones Malvario de Argentina y al Departamento de Asuntos Culturales de la ciudad de Ginebra que han contribuido a que estos proyectos tomen forma.

21/05/08

Viaje de vuelta





Regresan a Canarias los trabajos plásticos y los textos que autores canarios compartimos con autores cántabros bajo la atenta curaduría de Raúl Hevia. Este número de la editora conceptual Al Harafish había propuesto escribir sobre la Protección. Mi aporte lo pueden encontrar en este mismo blog titulado Hijos putativos. Para tal edición se titula Javier Tapia.

Asistan, acudan o regresen a la Casa Museo de Colón en el barrio histórico de Vegueta en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Lo dicho, el sábado 24 de mayo a las 13 horas. Que lo disfruten.

05/05/08

Semana Literastur


Por espacio de cinco días regreso a España con la ilusión de volver a encontrarme con la abundancia del mar y los libros en español. El miércoles 7 comienza la undécima edición del Salón del Libro Iberoamericano en Gijón que este año parece estar dedicado a literatura y medio ambiente.
Esta semana venidera concluirá con un periodo de presencias en diferentes Salones dedicados al libro. Ayer domingo cerramos la participación en el Salón del Libro de Ginebra donde por unos días he estado comentando y fomentando la literatura de escritores como Bellatin, Bolaño, Villoro, Fresán o Rey Rosa, los cuales existen en la librería Albatros pero el lector en español ginebrino desconoce por completo. Parece que la generación del Crack empieza a sonar por estos lares cuando hace ya algunos años los McOndo han querido derribarlos por pluma técnica. Otra cosa sería reconocer que detrás de los Fuguet o Paz Soldán vienen asomando un arsenal de letras aun sin clasificar, ejemplos como Bares o Lobo en México que ni apuntan ni esperan a la caída de las estrellas, pudieran llevarnos directamente a esa gran mayoría de desclasificados que más adelante los nuevos talentos o los viejos egosperdidos rescatarán del anonimato para uso y disfrute de la nueva historia.
Escanciaré a la salud de los ocultos y, si me dejan, continuaré hablando de los que no existen o los olvidados como diría Buñuel.

28/04/08

Mis ahoras en Ginebra



Hoy he salido del trabajo dos horas más tarde de lo previsto. Y sigo pensando que debería haberme quedado un poco más. Aún retengo el olor a archivo envuelto en polvo. He estado ojeando unas revistas de arte francesas en los estantes de la bodega del Museo de Etnografía que abordaban desde el Dadaísmo hasta Les Fauvres. Pensaba que con este nuevo trabajo de catalogación de la Biblioteca del Museo iba a tener más tiempo para hacer otras cosas y me doy cuenta que sucede al revés. Sí, tengo más tiempo pero me lo paso en la buhardilla del Museo rastreando publicaciones originarias de todo el planeta. Trabajar y descansar al mismo tiempo. La semana pasada me propusieron catalogar cuatro fondos editoriales sobre América Latina que yacen en los estantes desclasificados del Museo desde hace unos meses. Los lectoblogs entienden que por eso mengua la media de textos publicados en mi blog por el número de semanas que continúan pasando. La labor es hermosa, el tiempo para hacerlo es el que se necesite, según me han dicho. Hoy casi me ahorco con unos cordeles olvidados en la sala antigua de la Biblioteca que solían utilizar los amantes de la literatura de cordel. A mis amigos -ólogos les emplazo a la certidumbre de obtener una respuesta si estuviera en mis manos, o en los estantes de la Biblioteca.
Un hasta que el placer lo permita.
Pronto

17/03/08

De ámbulos concéntricos

Don Plutarco Tapia nunca había poseído, sinceramente, una buena memoria. En el sentido de que don Plutarco, penosamente, olvidaba con frecuencia. Tampoco recuperaba todo lo que perdía. No estoy seguro de expresarme bien.

A la hora de explicar el fenómeno del olvido se han descubierto páginas escritas que diagnostican el olvido en una ligera falta de concentración o en un exceso de la misma. Este puede no ser el caso. La mayoría de las veces los descuidos de don Plutarco se producían por tener asumido el hecho de que nada quedaba en el tintero, de confiar en el instante donde todo marchaba según lo planeado, sin más preocupación que continuar el camino hasta la llegada del golpe. Zás. Una vez recibido, llegaba la duda.

La retina de don Plutarco se desprendía como un glaciar desde el año anterior y era frecuente que equivocara agua con lejía, los condimentos para la comida entre sí o el fútbol con el rugby. Una madrugada llamó a casa desde el estacionamiento donde trabajaba como acomodador de coches para preguntar por el resultado del clásico que enfrentaba en la pantalla al equipo de sus amores contra el de sus desamores. Al colgar el teléfono se volvió a dar cuenta que no podía seguir confiando en todo lo que salía en la televisión: uno de sus hijos le aclaró que, a esa hora, el único programa donde se veía verde era el mismo que él estaba viendo: un documental sobre los Masai Mara en su peregrinar por la estepa tanzana.

La falta de visión completa hacía pensar a don Plutarco que tal vez por ahí se derramaba una porción importante de su concentración y por lo tanto, un motivo por el que pensar en su lógica del olvido.

Antes de regresar a casa recogió de la mesa de trabajo el teléfono, los cigarros y la tarjeta de visita que le había obsequiado un cliente del estacionamiento del cual pensaba que lo hacía porque éste entendía que don Plutarco tendía a la desconcentración. En alguna ocasión los autos tenían mecanismos de encendido difíciles de asimilar y algunos clientes llenaban de mañas imposibles la cabeza de don Plutarco en pos de hacerle más fácil el trabajo. No siempre daba con la maña, y sí, se vio necesitado de comunicarse con más de un propietario para mover el auto de lugar.

Como bien saben, antes de entrar dejen salir. Así estaba escrito en el reverso de una postal carcomida y pegada a la puerta del baño de la casa de don Plutarco. Además del desprendimiento de retina en la casa cohabitaban la gula trasnochadora de su hijo Ernesto y el mundo paralelo de su otro hijo, Javier. Su esposa Ernestina había fallecido años atrás debido a un descuido doméstico.

De camino a casa don Plutarco encontró una panadería abierta. Miró el reloj insistente. Pensó que no debía retrasarse demasiado. Aun así se introdujo en el calor del lugar y automáticamente se acordó de que tenía ganas de ir al baño. Salió a la calle. Caminó hasta una esquina oscura y evacuó dejándose la cremallera abierta. Pasos más adelante atisbó el portal de su casa y al tomar la llave del bolsillo se dio cuenta que no había cerrado la bragueta del pantalón. La cerró y acto seguido abrió la puerta de la entrada. Subió los escalones que conducían al apartamento tratando de recordar qué había olvidado en el camino.

En el interior del apartamento su hijo Ernesto abrió la puerta del baño y con un gesto automático apagó y encendió la luz del salón. Levantó la mirada para comprobar que se acercaba a las dos y media de la mañana y pensó que su padre estaría al llegar. Antes de tomar el último trago a la cerveza caliente buscó el control remoto de la televisión. Comenzaba en ese momento un documental que ya había visto tres veces en la misma semana y quería cambiar de canal.

Fruto de la realidad cotidiana se abrió la puerta de la casa. Entró don Plutarco haciendo ruido con las llaves. Apagó y encendió la luz del pasillo. Imaginó que Ernesto estaría en el salón y apagó definitivamente la luz del pasillo. Antes de llegar al salón dobló a la derecha para entrar desde el pasillo a la cocina. Apagó y encendió la luz de la cocina. Sin hacer ruido puso cuatro rebanadas de pan junto a la tostadora y le vino a la mente el olvido: no había comprado pan. Enfiló al salón con la mantequilla, la mermelada y las cuatro tostadas.

-Hola papá, ya me estaba quedando dormido.
-Sí, ya parece que se te cierran los ojos. Toma, cómete unas tostadas.
-Gracias, viejo. Hoy han pasado en el siete la película que fuimos a ver el miércoles pasado al cine.
-¿La del fotógrafo que se suicida?
-Sí.
-Pero, ¿no habíamos ido al cine porque ya estabas harto de verla en la tele?
-Sí, pero después de verla en el cine como que cambia. No sé, me fijo más en otros detalles.
-Tal vez debieras aprovechar tu noctambulismo para leer un poco más. Las pelis acaban por dañarte la retina. Para muestra… yo mismo.
-Pos es que los libros me abren más los ojos. Si pretendo leer para quedarme dormido lo tengo muy claro, no pego ojo. Me clavo en la trama y después empato con el Javier.

Sonríen los dos.

Ernesto encuentra el control remoto y apaga el televisor. Don Plutarco se levanta, remoza unas migas de pan de su camisa y espera a Ernesto para desearle descanso junto al quicio de la puerta que delimita el salón del segundo pasillo que lleva a los tres cuartos. Se despiden antes de ir a la cama al tiempo que se abre la puerta del cuarto de Javier.

Sale Javier con los ojos cerrados y el paso firme. Tantea las paredes del pasillo que le conducen al salón. Arrastra los pies con el suelo haciendo un ligero ruido que se confunde con el reptar de una escoba. Su padre le espera y apaga y enciende la luz del salón. Sin rozar ningún mueble ni desplazar ninguna silla Javier consigue llegar a la mesa de la cocina. Busca con las manos el frío tarro de los chocolates. Abre la tapa y mete algunos bombones en su calzoncillo. Huele a quemado. Intuye que no puede acercarse demasiado a los fogones. No sabe qué podría pasar si lo hace pero a lo lejos cree escuchar los gritos desaforados de su mamá al tiempo que a lo lejos, también, cree oler a carne humana quemada. Tras sus pasos llega don Plutarco a la puerta de la cocina, antes recogió del suelo El pasado de Alan Pauls, unas cartas que asomaban de la zapatera que rellena el pasillo, reacomodó el cable del teléfono y pegó en la puerta de la cocina otras postales con mensajes subliminales. Accedió a comprobar que tenía la tarjeta del cliente en el bolsillo pero ya la había perdido. Al ver el tarro de los chocolates abierto, don Plutarco recordó aquel día que discutía con Javier sobre quién se había comido los chocolates de su cumpleaños. Javier había apelado a su sonambulismo para exculparse.

-Javier, ya estoy en casa –susurró su padre desde la penumbra del pasillo.

Javier imaginó que había escuchado esas palabras y palpando la distancia entre la mesa y la silla de la cocina se levantó, giró sobre sus propios pasos y enfiló hacia el salón. Don Plutarco le siguió la estela revisando que no cayera nada a su paso. Don Plutarco había dejado de imaginar a sus hijos diferentes. El destino le había ofrecido convivir entre ámbulos concéntricos. Al llegar al salón sólo tuvo que volver a ubicar sus zapatos junto a la zapatera y ahora sí, apagó de un solo golpe la luz.


[De ámbulos concéntricos publicado en la revista digital Narrativas volumen 9, México]




08/03/08

Desde mi ventana...Borges




Decía Roncagliolo en su reciente visita a Ginebra, concretamente cuando caminamos a La Cimitière des Rois para visitar la tumba de Borges, que los cementerios tienden a representar la arquitectura de los pueblos. En la foto que precede a este pie podrán observar la calculada distancia que hay entre tumbas en el cementerio ginebrino, como si de verdad, los muertos necesitaran caminar a sus anchas. Idea que me entusiasma porque tal vez y con esta perspectiva que tengo desde la ventana de mi cuarto vea en alguna ocasión a Borges caminar junto a Calvino, Jean, no Italo.

La ligera línea blanca que aparece abajo y a la derecha de la foto es el filo de mi ventana, y el árbol centrado en la foto es el que cobija a la tumba de Borges. Bajo las ramas del enorme vegetal de origen saboyano descansa el maestro. No piensen que es la tumba blanca visible, no. Borges descansa bajo un monolito vertical que termina en punta ovalada, bastante más sencilla. Sobre la superficie que ocupa el cuerpo se ha creado un parterre de plantas saboyanas y en el anverso de la piedra queda un esculpido en bajorrelieve donde se aprecian varios guerreros, algo más abajo se percibe una leyenda en anglosajón And Ne Forhtedan Na, o lo que traducido al castellano diría: Y que no temieran. En la parte superior frontal están inscritos nombre y fechas y en la parte inferior hay una dedicatoria: De Ulrica a Javier Otarola, así se llamaban entre sí María Kotama y Borges. Al reverso aparece una embarcación celta tirada por varios remeros y otra inscripción: Hann tekr sverthit Gram ok legger i metal theira bert; en castellano: El tomó su espada, Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos.

El destino ha querido traerme a vivir a esta distancia de él y yo les comparto la cercanía.

03/03/08

Propriété intellectuelle

A las puertas del Registro de la Propiedad Intelectual.
-Don Filisteo, ¡qué gusto volver a verle!
-Gracias, Porfirio, gracias
-Cuénteme, cómo le fue, se le ve un poco cansado, le creció la barba…
-Ni me recuerde Porfirio, ni me recuerde.
-Confíeme don Filisteo, nuestra amistad es grande, ya sabe, yo le protejo y usted me protege, ¿recuerda? Cuénteme.
-Se cavó
-Cómo
-Que se cavó
- Qué se ha acabado
-El mundo
-¿El mundo?
-Sí, mi mundo
-A ver hombre, venga tantito, siéntese aquí –postrados en un banco-. Don Filisteo, usted es una persona respetada, querida, admirada… Qué quiere decirme con que se acabó su mundo.
-No hombre, no. No es mi mundo el que se acabó, entiéndame. Es que de mi canción “El mundo se va acabar” ya sólo me quedan los derechos por “se cavó”.
-¿Eh?
-Todo empezó porque hice una denuncia pública a un grupo de son por no darme los respectivos créditos. ¿Comprende?
-Ajá, ¿Le faltaba un número de cuenta o…?
-¡Qué número de cuenta ni que ocho cuartos! ¿Que no sabe lo que representa tener los derechos de autor sobre una obra?
-Sí, hombre, sí. Déjeme entender que es algo así como que yo registro una obra ante un organismo oficial y entre ese organismo y yo existe un complot, ¿no? Donde por “ley” si a alguien se le ocurre copiar la obra debe… pagar una lanita o por lo menos rezar el padrenuestro cambiando Amén por el nombre del autor... ¿no es así?
-Le cuento: Un grupo de son copió mi frase “El mundo se va a acabar” en uno de sus sones. El lunes siguiente vine al Registro e intenté poner la denuncia correspondiente, el funcionario me dijo que dos horas antes había llegado un joven para registrar la frase a su nombre. Como comprenderás, salí furioso del Registro y me encaminé hacia la papelería que está debajo de mi casa a comprar unos formularios para registrar “Un mundo se va a acabar”. Por aquello de los horarios institucionales y las enormes distancias de la ciudad fue hasta el día siguiente que pude regresar a registrar mi nueva obra maestra. Al pie de la ventanilla el funcionario me dijo que otro joven había registrado la misma frase una hora antes. Imagínese con qué cara regresé a la papelería.
-Me imagino, don Filisteo, me lo imagino perfectamente.
-El miércoles suena mi despertador a las 4 de la mañana y sin desayunar encaminé hacia el Registro. Cuando llego, la fila para entrar le da la vuelta al edificio. Por pericia profesional comienzo a preguntar a la gente que esperaba para registrar su obra que a qué departamento iban. Todos me respondieron que a Propiedad Intelectual. Mañoso yo decidí preguntarles a cada uno que me ayudaran a rellenar los formularios y así podría yo indagar lo que registraban.
-Qué acción tan inteligente don Filisteo.
-Al primero que le pregunté me dijo que iba a registrar “Qué mundo se va a acabar”, el segundo registraba “Segismundo se va a acabar”, el tercero “El mundo se va a cavar” el cuarto “Segismundo se acabó”, el quinto “Qué mundo se va a cavar”, el sexto “Un mundo que se cavó”… y así hasta que cuando llegué a la ventanilla de registro los únicos vocablos que quedaban por registrar eran “se cavó”.
-Ajá, creo que ya le entiendo.
-No estoy seguro de que me entienda.
-Bueno, entiendo que usted creó una frase y por lo que se ve, hay un grupo de gente que se levanta muy temprano cada mañana para chingarle.
-Así es la administración, Porfirio, una decepción.
-Pero bueno don Filisteo, usted es músico, no registrador de palabras. ¿Quién puede considerarse dueño del habla? ¿No es un bien común? ¿De toda la comunidad? A fin de cuentas la lengua se alimenta del habla. Así ha sido siempre.
-Y los buitres de la carroña.
-Ajá, fíjese qué bien lo ha entendido.

09/02/08

...y Roncagliolo visitó Ginebra


Cuarenta y ocho horas nunca son suficientes para conocer a una persona. Sí fueron suficientes para que Santiago conociera la tumba de Borges en el Cimitiere des Rois, sí fueron suficientes para que tomáramos café en el squat donde vivo y conversáramos sobre la maravillosa locura literaria a la que nos hemos avocado, sí fueron suficientes para que visitáramos un taller de recuperación del libro antiguo en Carouge, sí fueron suficientes para que él conociera mis inquietudes y yo sus viejos y nuevos proyectos, sí fueron suficientes para que pactáramos hablar ordenadamente en la presentación y, finalmente, la amistad surgida del encuentro hiciera de tal evento un delicioso intercambio de saberes, experiencias literarias y contra lo que habíamos pactado durante el café, la improvisación se convirtió en el eje del evento. A fin de cuentas, para mí fue suficiente compartir cuarenta y ocho horas con Santiago, un escritor que hace grande su profesión por ser tan sencillo. Gracias Santiago por visitar Ginebra.

11/01/08

Santiago Roncagliolo visita Ginebra

El jueves 7 de febrero a las 19 horas el Premio Alfaguara más joven de la historia, el peruano Santiago Roncagliolo acompañado por quien suscribe este comunicado intentaremos acercar al público presente a conocer un poco más de la vida y obra del escritor residente en España. No pretende ser una presentación crono-biográfica-meta-literaria sino un diálogo abierto al público donde se conozca un poco más sobre las peripecias de un joven autor que ha trabajado como escritor anónimo para otros, como periodista e incluso en el servicio de limpieza. Acérquense a la Librería Albatros de Ginebra el día y la hora señalados. El placer está servido.

19/12/07

Arquitexturas urbanas (IV)

Arrastro el equipaje recién levantado de la cinta recoge maletas del aeropuerto de Ginebra. Antes de abrirse las puertas que me expulsan del aeródromo leo: Bienvenue a la ville de Genève. Metros más adelante leo: prohibido viajar en tren sin billete, prohibido poner anuncios, prohibido fumar, prohibido estacionar en esta sección. Cuando llego a la Place des Augustines leo: prohibido llevarse el periódico sin pagar, prohibido entrar con animales, prohibido usar el teléfono, prohibido tirar basura después de las diecinueve horas, prohibido entrar con alimentos, prohibido salir sin consumir, prohibido el alcohol a menores de edad, prohibido el uso de drogas en este establecimiento. Entro prohibitivamente a mi edificio y leo: prohibido usar el ascensor más de cuatro personas, prohibido hacer ruido después de las veintidós horas, prohibido estacionar las bicicletas en la entrada, prohibida la publicidad, prohibido equivocarse tres veces a la hora de insertar el código de acceso al edificio, prohibido decir a nadie el mismo. Me dirijo a la Bibliothéque de Genève y leo: prohibido tomar fotos, prohibido poner música, prohibido hablar, prohibido dejar los libros en las estanterías, prohibido el uso del fuego, prohibido llevar a casa ningún bien material, prohibido lo prohibido, prohibido, prohibido, prohibido…


[fragmento del texto Arquitexturas urbanas publicado en la revista digital Narrativas volumen 8, México]

18/12/07

Arquitexturas urbanas (III)

Dobló el papelito hasta ocho veces y después lo dejó junto al bolígrafo y el resto de papelitos doblados sobre la mesa redonda de caoba. Arrastró la silla hacia atrás cediendo en el punto que mayor ruido hizo el asiento. Esta vez salió de la cocina sin abrir el refrigerador. Cruzó el enorme pasillo que le arrastró una treintena de pasos hasta la puerta. Tomó el bastón y la gabardina azul. Pensó si mejor ir a pie, por la escalera o en el ascensor, total, eran exactamente dieciséis escalones los que tenía que bajar. Al llegar al zaguán atestiguó que no hubiera publicidad en su buzón. Abrió la puerta principal y miró, como cada día, a la izquierda y a la derecha, sacó la llave de la puerta y antes de comenzar la marcha escuchó desde la acera de enfrente una voz altisonante:
-¡Don Bernardo! ¡don Bernardo! ¡Espéreme un momento!
Don Bernardo esperó el momento.
-Buenas tardes don Bernardo. Qué bien que nos vemos porque hace días que quería comentarle sobre el alquiler del piso, pues eso, que… es que no sé cómo decirle…, bueno, que mi hija Julia.
La señora de voz altisonante bajó el volumen.
-Es que lo que le voy a contar es un secretito, acérquese –y don Bernardo con los ojos bien abiertos se acercó-. A mi Julita, el doctor Céspedes le pronosticó cáncer de útero, es decir, ella tiene que ir al hospital la próxima semana y pues… Queremos mantener el alquiler del piso pero… Pensamos mi marido y yo que tal vez usted pueda bajar un poquito la mensualidad.
-Déjeme pensarlo –contestó don Bernardo, como de costumbre parco en palabras-, mañana o pasado le aviso.
La señora de voz altisonante agradeció la preocupación de don Bernardo y regresó a la acera de enfrente mientras el señor volvió a meter la llave en el puerta principal, recorrió los dieciséis escalones que le llevaron hasta la entrada de su piso, cruzó nuevamente el enorme pasillo que le llevaría a la cocina y esta vez tampoco abrió el refrigerador. Acercó la silla a la mesa, se sentó, tomó un papelito en blanco y escribió: “Julia tiene cáncer de útero”. Dobló el papelito hasta ocho veces y después lo dejó junto al bolígrafo y el resto de papelitos doblados sobre la mesa redonda de caoba. Al final de la noche, don Bernardo guardaría los papelitos doblados sobre la mesa redonda de caoba junto a miles de papelitos doblados que ponía a salvo en diferentes cajas repartidas por todo el piso, según don Bernardo, su memoria ya no tenía la capacidad de almacenar todos los secretos que le habían contado.


[fragmento del texto Arquitexturas urbanas publicado en la revista digital Narrativas volumen 8, México]

06/12/07

Arquitexturas urbanas (II)


Una mano pulsa el botón del ascensor en el primer piso, la otra tira el cigarrillo. El ascensor baja del noveno piso. Una llave acciona la trampa mecánica que cierra la puerta, después se oye unos pasos que se dirigen al ascensor, frente a los botones, el vecino mira la trayectoria del elevador, aún faltan dos números para que llegue. En el piso cero la vecina mira de soslayo el cigarro que acaba de tirar y piensa que podía haberle apurado unas caladitas mientras espera, mete la mano en el bolsillo y recuerda que olvidó unas llaves en el coche. El ascensor para en el quinto piso. El vecino entra apurado y el elevador reanuda su bajada mientras recuerda el hombre que olvidó los papeles. Desesperada, la vecina llega al coche y abre la puerta. El ascensor llega al piso cero. Intranquilo, el vecino abre y cierra la puerta del ascensor para subir nuevamente. La vecina acciona la trampa metálica que cierra la puerta del coche, piensa que mejoraría su autoestima si no olvidara con tanta frecuencia y recorre el camino de vuelta al ascensor. El ascensor para en el quinto piso. Tras los pasos una llave acciona la trampa mecánica que abre la puerta. La mano pulsa el botón del ascensor que le hace descender desde el quinto piso. El vecino mira de reojo los papeles y piensa que mejoraría su autoestima si no olvidara con tanta frecuencia. Aún quedan dos números para que el elevador llegue al piso cero. La vecina aprieta las llaves con la mano antes de abrir la puerta del elevador, la abre y entra. El ascensor se eleva. El vecino espera frente a la puerta del elevador que se para frente a él. La vecina sale, se encuentra con el vecino y con una sonrisa le dice:
-Hola ¿Luis o Esteban?, no sabía que también tenías consulta.
-Así es, cambiaron Alzheimer a… los jueves, creo.


[fragmento del texto Arquitexturas urbanas publicado en la revista digital Narrativas volumen 8, México]


03/12/07

Fernando Iwasaki visita Ginebra

La Fundación Abanico y la librería Albatros han adoptado la hermosa costumbre de traer a Ginebra a escritores cuya trayectoria se ha visto inmortalizada a través de sus escritos en grandes editoriales. Este fin de semana tuve la oportunidad de hacerle una entrevista al peruano Fernando Iwasaki. En estos días trabajo en la puesta a punto de la entrevista que se produjo durante la tarde del viernes pasado en el Hotel St. Gervais y prometo publicar en el blog la opinión más reciente del autor sobre temas tan diversos como el periodismo y la literatura, el desembarco de autores latinoamericanos en Europa o el reconocimiento de los diferentes géneros literarios como uno sólo.
Iwasaki es autor de una veintena de títulos que pasan del ensayo al microrelato en editoriales como RBA, Alfaguara o Páginas de espuma. Es Premio Copé de Narrativa (Lima, 1998); Conference on Latin American History Grant Award (New York, 1996); Premio Fundación del Fútbol Profesional (Madrid, 1994) y Premio de Ensayo Alberto Ulloa (Lima, 1987). Ha sido colaborador de Diario de Sevilla (1999-2000), La Razón (1998-2000), El País (1997-1998), Diario 16 (1991-1996), Expreso (1986-1989) y La Prensa (1983-1984).