3/10/07

Jënpoj 107.9 F.M./ La radio comunitaria ayuujk

Es sabido que los medios masivos de comunicación, hoy día, responden a intereses particulares. La información que a todos nos corresponde es trasquilada de múltiples maneras reduciéndonos, a los espectadores, a un pequeño rincon de la verdad. Basta haber vivido en la ciudad de Oaxaca en los últimos meses para corroborar que del dicho al hecho, sigue existiendo un gran trecho.
En el periodo de tiempo que la sociedad civil tomó los medios, la verdad volvió a aparecer. Provocó un giro de nuca a la mayor parte de la sociedad, la cual, prefirió despertar, en parte, a las sistemáticas e insulsas programaciones radiofónicas que contribuían a que el número de oyentes aumentaran cada año en relación al número de escuchantes.
Así todo, desde el año 2002 opera a contratiempos la radio comunitaria Jënpoj, ubicada en Tlahuitoltepec, región Mixe. La idea surgió de “jóvenes estudiantes, profesionistas y comuneros Mixes, radicados en diversos centros educativos y de trabajo, pero siempre con base en el sentido comunitario” indica una de las responsables del proyecto, Zenaida Pérez. La estación de radio proponía “revitalizar nuestra vida cotidiana a través de la Radio, con la comunicación en donde todos y todas participáramos con nuestras diversidades, marcadas por las distancias; para sí acercarnos más a nuestros hermanos de la región, y re-encontrarnos en estos espacios donde plasmáramos nuestros sentimientos, pensamientos y nuestras inconformidades”. Y para fortalecer la comunicación decidieron transmitir en su lengua Mixe. Con el tiempo, el uso cotidiano de la lengua vernácula descubre entre los habitantes el avanzado empobrecimiento al que estaba siendo objeto uno de los mayores símbolos de cualquier cultura: la lengua. Al convertir una lengua de cotidiana a común, el habitante, por sí mismo, requiere de una inmersión más profunda en el conocimiento de su lengua, es decir, los tlahuitecos y comunidades aledañas necesitaron uniformar criterios de comunicación, esa actividad de comunión entre los pueblos y sus habitantes, en mi opinión, vienen a representar uno de los mayores beneficios alcanzados por Jënpoj. Es tan simple como entender que la radio nunca será el fin de quien así lo persigue –histórica manía de encerrar la diversidad en conceptos autoritarios- sino todo lo contrario, el ejercicio de la radio funje principalmente como medio, seguro trampolín de voces, ideas y servicios que nunca debieron reprimirse, y mucho menos por un medio.
El camino para conseguir el libre ejercicio de la expresión fue interrumpido en las faldas del Cempoaltepetl del Pueblo Ayuujk, por un decomiso oficial realizado a Jënpoj en el año 2003, al año siguiente de su apertura. A partir del decomiso, el grupo de tlahuitecos entendió que el compromiso debía dirigirse hacia el rescate de la actividad radiofónica en su pueblo. Buscaron apoyos y cartas de recomendaciones, formaron redes con otras organizaciones de radio, se integraron a la AMARC (Asociación Mundial de Radios Comunitarias) con la justa intención de obtener el permiso de transmisión. Y todo, como agrega Zenaida Pérez, se debió a “las voluntades que se unieron a este sueño”.
El 6 de diciembre de 2004 se concede el permiso. El proyecto se instaura como “una recapitulación de la historia de nuestras comunidades en donde se ha resguardado celosamente la palabra ayuujk, la lengua de la montaña sagrada, simbolizada con nuestra madre montaña: II'pyxyukpët, la montaña de las veinte divinidades. De donde nacen las nubes y los vientos que dan vida y rostro a los ayuujk jää'jy, la gente mixe. Ideamos al proyecto Jënpoj a partir de nuestra palabra ayuujk, con la esperanza de que por los medios hemos de reivindicar el uso público y prestigio de los idiomas indígenas. En este caso, lo ayuujk revalorado y usado por nosotros mismos en comunidades del Pueblo Mixe” añade Zenaida.
Jënpoj transmite ocho horas diarias. Comienza a las doce y termina a las ocho de la tarde. Cada mañana se escucha en un radio superior a la superficie del pueblo “nuestra música que nos da la alegría…” En el transcurso de la programación, prosigue Zenaida, “nos encaminamos a la vida colectiva, la cual queremos seguir alimentando con cada programa radiofónico. Con nuestra radio procuramos reunir y enaltecer voces que ayuden al cuidado de los manantiales, montañas, flora y fauna”.
El alcance de transmisión ha conectado a diversos pueblos de la región los cuales hacen uso de la estación como medio de acercamiento. Los servicios que presta Jënpoj pasan desde anunciar una asistencia a parto hasta el aviso de los trabajos a realizar entre las comunidades vecinas. Pero no queda ahí el enorme valor de esta radio comunitaria. Cuentan con un número potencial de locutores infantiles. La labor comunitaria de transmisión del conocimiento se ejerce a diario cuando los niños y niñas de Tlahui acceden a retransmitir su propia barra de programación. Propia porque ellos mismos realizan los guiones radiofónicos que van a desarrollar en cabina más adelante.
Son claras y muy obvias las propuestas de la radio comunitaria Jënpoj para el enriquecimiento de la región. “Nos proponemos recrear la lengua, nombrando las nuevas cosas a nuestra realidad, en nuestra palabra. Como la tecnología de la información que fluye justamente gracias al movimiento del viento”.
Con proyectos así, es probable recuperar tanto el contenido como el valor de las palabras que tan desgastados están. Ganamos todos cuando la verdad recupera su espacio y se comparte por cualquier medio. Desde el año 2002 crece un idea ejemplar con nombre y apellidos: Ayuujk Jënpoj. En los tlahuitecos queda mostrarnos un camino a seguir, mientras en nosotros quedan ojos de admiración hacia ellos y la certeza de que en la naturaleza todo crece de abajo hacia arriba.